Pareja
Pareja

Pareja (5)

Valora este artículo
(6 votos)

Autora: Lic. Carmen Secades

" El encuentro de amarte es casi más de lo que puedo soportar"

El ser humano tiene una característica fundamental, tiene una condición sexuada donde las emociones, los sentimientos, los afectos, juegan un rol fundamental.

La sexualidad ampara una serie de comportamientos que traspasan la temporalidad de la existencia de las personas.

La sexualidad ha sido comparada con cuatro caras, yo prefiero hacerlo con las cuatro estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno; la biológica, psicológica, emocional y cultural.

Todo va cambiando a medida que va transcurriendo la vida, todo se va modificando, desde el desarrollo biológico, los cambios psicológicos, el aprendizaje social de la sexualidad y la afectividad propia y la de los otros, el acondicionamiento a nuevas experiencias, la renovación permanente de los afectos, de las emociones.

El encuentro con el otro comienza por la apertura del uno hacia el otro. Abrirse a otro, significa hacerle entrar a la vida personal, compartir intimidades, abrir puertas, adentrarse en todas las habitaciones ocultas, buscando sus claves, sus secretos, su manera de ser y de comportarse, una de las vivencias que más enamora es la intimidad.  

Valora este artículo
(4 votos)

Autora: Lic. Elda Bartolucci

Habitualmente nos imaginamos al matrimonio como una formación estática que continúa invariable en el transcurso de los años. A tal punto que los cuentos infantiles suelen relatar "y vivieron felices hasta el fin de sus días".

Muchos conflictos y rupturas sobrevienen precisamente porque los cónyuges parten de la fantasía de este cuento de hadas. Por lo que si al cabo de los años la relación ya no es satisfactoria, esta concepción idealizada hace que se produzcan situaciones angustiantes que no permiten encontrar una salida adecuada a las crisis que afectan la relación..

A lo largo de la convivencia un matrimonio atraviesa cuatro etapas bien diferenciadas que son:

1º Fase de formación: esta fase abarca la etapa del establecimiento del noviazgo hasta la formalización de la convivencia.

La formación de la pareja implica una serie de renuncias y limitaciones, al mismo tiempo que otra serie de beneficios y satisfacciones. Pueden traer roces el renunciamiento a los vínculos y costumbres con amigos y camaradas, como también la modificación de los vínculos con la familia de origen. Muchas veces un joven no se siente satisfecho en su hogar y la pareja le permite fantasear con que ambos podrán organizar un matrimonio mucho mejor que sus padres. Muchos matrimonios fracasan porque se unen para escapar de su hogar. En otros casos hay oposición familiar frente a la persona elegida; este rechazo y discordia entre la familia y el otro pueden crear grandes conflictos en la pareja.

Esta fase puede llegar a ser muy penosa pues está llena de dudas y temores: miedo a separarse de su casa, a entregarse al compañero, a las ataduras y responsabilidades, a renunciar a las libertades, al compromiso sexual, y básicamente el miedo al fracaso al formar una familia.

2º La fase de producción: esta etapa abarca los primeros años del matrimonio y es la más creativa. Hay dos momentos críticos bien diferenciados: el inicio de la convivencia y el nacimiento del primer hijo.

Después de la boda los cónyuges intentan afirmar la identidad de la pareja, la que debe abrirse paso en la sociedad y adoptar todas las decisiones que les permitan adoptar una forma definida y propia. El matrimonio organiza su propio hogar mientras, individualmente ambos luchan por conseguir o consolidar una buena situación laboral que les permita progresar por su propio esfuerzo. La vida en común lleva a una cierta división interna de funciones, cuyo establecimiento y acomodación a las nuevas normas implican un largo proceso.. A lo que se agrega el nacimiento del primer hijo, que implica otro cambio en el proceso de adaptación de ambos cónyuges.

3º La crisis de la mitad de la vida: esta fase abarca la edad media de los padres y el inicio de la pubertad de los hijos. En las fases anteriores los problemas externos superados crean una situación de cohesión. Incluso en las diferencias y problemas, la magnitud de la tarea en común permite que la discrepancia pase a segundo plano. Pero en los años intermedios la situación cambia radicalmente; los hijos comienzan a independizarse y esta situación es una nueva crisis.

Muchas parejas pueden sentirse abrumadas por la rutina; inclusive la sexualidad puede estar afectada por esta situación. Esta es una etapa en la que juega un rol importante el cómo se atraviesen el climaterio masculino y la menopausia femenina. Es un momento delicado, ya que se pueden producir episodios de infidelidad; que podrá ser ocasional, periódica o transformarse en estable y desplazar a la pareja matrimonial.

La crisis de los años intermedios puede ser extremadamente importante para el pasaje a la madurez. Lo aparente de la vida en común se hace experimentable. Si se tiene el valor de rasgar los velos que la encubren, no se destruirá la pareja, sino que los aspectos auténticos y duraderos del vínculo quedarán a la vista y se podrán recrear aspectos valiosos de la relación. La tolerancia madura y la sabiduría de este proceso de conciliación dan valor a la historia construída y compartida de muchos años.

4º El envejecimiento: Esta etapa se puede iniciar con la partida del último de los hijos del hogar y se profundiza con la jubilación, lo cual puede crear una elevada dependencia mutua que puede ser beneficiosa, pero también puede creas nuevos problemas. Cada uno intenta hacer dependiente al otro y al mismo tiempo quiere conservar su propia independencia.

Para muchas personas la vejez significa la retirada del mundo exterior y el aislamiento en el interior del hogar. Si bien la partida de los hijos implica un gran cambio, los lazos conyugales siguen siendo fuertes e importantes y la pareja se acomoda a un nuevo estilo de vida y continúa construyendo su propia identidad, comunicándose y enriqueciéndose mutuamente, transitando juntos su madurez.

CONCLUSIÓN

Cada fase de la vida y del matrimonio crea nuevas condiciones interiores y exteriores a las que es necesario adaptarse. Algunos viven estas crisis como un enriquecimiento y para otros resultan superiores a sus fuerzas. Si a causa de conflictos individuales o de la relación los cónyuges presentan graves dificultades de adaptación a los cambios, muchas parejas no podrán sobrevivir estas etapas vitales y sobrevendrá un divorcio o una convivencia intolerable. En cambio aquellas personas que poseen una plasticidad interior y en el vínculo de pareja, podrán sortear con éxito estas etapas y culminar juntos una convivencia feliz y armoniosa.

Valora este artículo
(8 votos)

Autora: Lic. Elda Bartolucci

El divorcio es una de las experiencias más dolorosas que pueden atravesar los seres humanos. Cuando una pareja matrimonial decide separarse, el proceso atraviesa tres momentos bastante diferenciados: la etapa predivorcio; el divorcio propiamente dicho y la etapa postdivorcio.

La etapa predivorcio puede comenzar poco tiempo antes del mismo, a través de una situación de crisis abrupta; puede ser la fase final de un estado crónico de malestar matrimonial, que en algún punto deja de serlo y aparece la idea de la ruptura. O puede ocurrir que alguno de los miembros de la pareja no esté satisfecho con el otro, que les ocurra esto a ambos, o que hayan evolucionado de maneras diferentes y se encuentren al cabo de los años como frente a un extraño.

Pasado un tiempo, se rompe el equilibrio y uno de los dos, o ambos, deciden que la separación es la solución necesaria.

El divorcio propiamente dicho es un período que transcurre entre la toma de la decisión, el enunciado de la misma y la separación o exclusión del hogar de uno de los cónyuges. En algunos casos se inicia la tramitación legal del divorcio; en otros este proceso dura muchos años. Esta etapa involucra distintos aspectos: lo emocional, lo familiar, lo legal y lo económico. En la mayoría de los casos se producen fuertes tironeos y todo el grupo familiar se encuentra atravesando un importante proceso de duelo que puede prolongarse muchos años si la pareja se instala en un divorcio destructivo.

El postdivorcio es aquél período de tiempo que media entre la separación de cuerpos y/o la sentencia de divorcio, y la etapa donde los divorciados y sus hijos se han adaptado a la nueva situación. Es una etapa muy delicada ya que obliga a todos sus miembros a adaptarse a una nueva identidad. Ser " hijos de divorciado". "El/ la divorciada" implica la renuncia al modelo de pareja tradicional y un acomodamiento a un nuevo rol. Amigos, familiares y compañeros también deben adaptarse a esta nueva realidad.

A nivel individual, algunas personas aprovechan para experimentar y descubrir nuevas potencialidades, actividades o roles, como una manera de equilibrar lo perdido. Otras, se sumergen en una depresión paralizante que les impide elaborar adecuadamente el duelo. La actitud personal dependerá de considerar al divorcio un fin o un nuevo comienzo.

Cuando hay hijos, se aconseja plantearse la separación como pareja, nunca como padres. Este vínculo no se rompe jamás.

Derechos de los hijos de padres divorciados

1º Derecho a ser alimentado y de que sean cubiertas todas sus necesidades materiales, y que dentro de las posibilidades económicas de sus padres, el hijo no pierda su estilo de vida anterior al divorcio

2º Derecho a compartir tiempos y espacios de convivencia con ambos padres, en especial con el que ya no vive con él y a no sufrir el abandono de ambos..

3º Derecho a no ser usado como rehén o como arma de un padre hacia el otro.

4º Derecho a no tener que escuchar críticas ni a ser testigo del rencor de un padre hacia el otro, como también a no ser tomado como juez en situaciones difíciles.

5º Derecho a no ser marginados, maltratados o rechazados cuando los padres fundan otra familia o tienen otra pareja.

6º Derecho a no ser agredidos por uno de los padres porque se parece al otro,

7º Derecho a no ser expuestos permanentemente al contacto y al recambio de nuevas parejas de los padres. Se debe considerar la presentación cuando se tienen afectos y proyectos importantes con una nueva pareja.

8º Derecho a no ser privados del contacto con las familias de origen de ambos padres.

9º Derecho a tener a ambos padres cordialmente unidos en el rol de tales cuando él atraviesa momentos especiales, ya sean difíciles o muy felices ( enfermedades, cumpleaños, graduaciones, etc.)

10º Derecho a ser amado, cuidado y respetado a lo largo de toda su vida por ambos. Aquí me refiero a todos los hijos, no solamente a los del divorcio.

Valora este artículo
(7 votos)

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

La persona que ha sufrido una pérdida amorosa necesariamente deberá atravesar un período de duelo: éste será clasificado de diversas maneras. La magnitud de este proceso será más o menos intenso y/o largo, dependiendo de las circunstancias en que se ha producido.


Existen tres maneras de terminar una relación: por mutuo acuerdo ( A+B deciden juntos), por imposición de una de las partes (A deja a B; o B deja a A) y por accidente o desgracias fortuitas, en cuyo caso la pérdida no depende de la voluntad de ninguna de las partes.


En el caso del mutuo acuerdo los sentimientos de dolor por la pérdida serán similares , como así también los procesos de acomodamiento a la nueva situación; pero en el caso de que una de las partes deje a otra sin el acuerdo de ésta, a los sentimientos normales de toda pérdida, deberán agregarse por parte de la persona abandonada, el rencor, el dolor intensificado, el sentimiento de baja autoestima y la reactivación del miedo al abandono, como así también la imposibilidad de establecer otra relación en los tiempos naturales. Todos estos sentimientos, excepto el rencor hacia el otro, se manifestarán también en el caso de pérdida accidental.


Estas diferencias nos remiten entonces, a clasificar el duelo de dos maneras: normal y patológico o melancólico.


El duelo es siempre una reacción emocional que se expresa por: un estado de ánimo profundamente doloroso, un cese de interés por el mundo externo, una etapa de desesperación, otra de rebeldía (porqué a mí), la pérdida de la capacidad de amar, y la inhibición más o menos importante de casi todas las funciones.


En el duelo normal, estos procesos son siempre temporarios. La persona que sufre la pérdida vive a ésta de una manera consciente y experimenta la sensación de que mundo ha quedado vacío. El sujeto retira de la libido del objeto perdido y tendrá la posibilidad de colocarla en un futuro en otro objeto de amor.


En cambio, en el duelo patológico, la persona se instala en estos procesos de una manera inamovible y sufre la pérdida por mucho tiempo. El sujeto siente que él es el que ha quedado pobre y vacío y tiene la imposibilidad de colocar esa líbido en otro objeto- Esto ocurre porque una parte del Yo del sujeto se ha identificado con el objeto perdido, y olvidarlo sería como matar una parte de sí mismo.


En el duelo normal, finalmente se impone la realidad de que otro ya no está y la persona se resigna a esta situación, con lo cual, en el final del proceso, la persona ha retirado todas su cargas libidinales del objeto perdido, por lo tanto queda libre y disponible para que aparezca otro objeto amoroso, situación que el en caso del duelo patológico es imposible de concretar: el Yo no queda libre de la identificación y no podrá entonces, hacer la renuncia al objeto perdido para colocar esa libido en otro objeto de amor.


La elaboración de una pérdida sentimental es un proceso que dividiremos en seis etapas: impacto(shock); desesperación y rebelión; dolor o pena, evaluación y adjudicación de la culpa, resignación, reconstrucción y salida


El impacto o shock de la pérdida produce una sensación de paralización, desorientación o incredulidad. Se pueden inhibir funciones vitales como el comer o el dormir. Es una etapa muy corta, donde al finalizar se desplazan los sentimientos a la emoción siguiente.


La etapa de desesperación o rebelión permite salir del shock y poner en movimiento a la persona a través de la protesta. En caso de resultar abandonado, en este momento aparecen también los sentimientos de rencor y resentimiento hacia el otro El interrogante habitual es ¿porqué a mí?.


Cuando se calma la protesta aparecen la pena o el dolor, y en algunos casos, se instala una depresión, como respuesta a la situación de pérdida. Si la persona se instala en ella, el duelo puede transformarse en patológico. Quien está atravesando este momento, está ligado emocionalmente al otro, por lo que no está en condiciones de conocer a nadie


Al menguar el dolor, se comienza a evaluar y adjudicar responsabilidades se puede procesar la pérdida mediante el análisis de lo ocurrido para encontrarle sentido. Se adjudica de esta manera, la responsabilidad a una u a ambas partes


Cuando se entiende lo que pasó y se asume la propia responsabilidad, se puede entrar en etapa de despedida : se resigna a vivir sin el otro : es el momento para decir adiós


La etapa siguiente es la de reconstrucción del sí mismo. Al poder despedirse del otro, no solamente se lo deja libre sino que la persona se deja libre a sí misma. Se logran recuperar todas las funciones perdidas y centrarse en recuperar el equilibrio; ya se está preparado para conocer a alguien, y se dispone de todas las energías para facilitar en encuentro.


La etapa de resolución implica el comienzo de un nuevo ciclo vital. Se ha resuelto el conflicto, se han hecho las paces consigo mismo y con la pareja anterior. Es el momento de la plenitud con el estado de soledad, el que propiciará que un encuentro con otra persona tenga buen pronóstico

 

 

 

Valora este artículo
(4 votos)

Autora: Lic. Elda Bartolucci

El nuevo matrimonio es el resultado de una elección efectuada por adultos. Los conflictos de intereses suelen ser inevitables, ya que la pareja se elige, pero a sus respectivos hijos se les impone la figura de madrastra o padrastro.

El problema es construir una identidad propia. El error más frecuente es tratar de asimilar el modelo de primera familia, es decir que los padres tratan que la nueva familia se parezca lo más posible a la primera.

El proceso de transformarse en una armoniosa familia ensamblada requiere atravesar una serie de etapas:

1 ) La etapa de la Fantasía: es un momento de rescate romántico, donde la fusión parece no sólo posible, sino idealizada. Incluir la pareja de mamá o papá puede ser una novedad pero indudablemente representa un desafío familiar.

2 ) La Asimilación: etapa donde pueden aparecer sentimientos de rechazo, celos, resentimiento y culpa en algunos de los integrantes, sean adultos o hijos.

3 ) Esta etapa de Toma de conciencia es cuando la pareja comienza a entender lo que está sucediendo. Aparecen a la luz los conflictos.

4 ) Al tener conciencia de ellos, la pareja busca el apoyo externo para intentar solucionarlos. Esta etapa se denomina Movilización. Pueden ser consejos profesionales o experienciales

5 ) La etapa de Acción consiste en articular necesidades personales y grupales para encontrar soluciones a los conflictos, pudiendo pactar acuerdos entre las partes.

6 ) Esta fase denominada Contacto, permite ir logrando la aceptación del extraño/a y la paulatina incorporación de esta persona al nuevo grupo familiar.

7 ) Finalmente, la etapa de Resolución con creciente familiaridad y confianza necesaria entre los diversos miembros de esta familia, seguramente con muchas cicatrices cada uno. Se ha llegado a un punto en el que todos pueden escucharse mutuamente y colaborar estableciendo pautas para una armoniosa convivencia.

Este proceso de siete etapas lleva bastante tiempo y puede ser abortado si alguno de los integrantes de la nueva familia se estanca en alguna de las mencionadas etapas, en especial en las primeras. En este caso, la convivencia no será la mejor alternativa y es conveniente buscar otras maneras para sostener la pareja, renunciando a la formación de una familia hasta que no cambien algunas condiciones.

La integración es mejor si:

  • Ha transcurrido un tiempo prudencial entre el divorcio ( 3 a 5 años) y la nueva pareja y se ha negociado satisfactoriamente con el ex todos los aspectos relativos al divorcio

  • La pareja tiene un hijo propio

  • Los niños son pequeños, ya que la edad más conflictiva suele ser la adolescencia

  • Los hijos pueden mantener contactos satisfactorios y relacionarse con todos los miembros de su familia anterior

  • Si el cónyuge ha fallecido que si está divorciado

  • El presupuesto económico es desahogado

  • Se busca ayuda terapéutica para ayudar a organizar el nuevo grupo familiar.

Facebook MySpace Twitter Google Bookmarks 


Novedades

  • ESCUCHANOS LOS MARTES POR LA MAÑANA EN "MARDEL DIRECTO" TV CANAL 8 En su columna televisiva habitual la Lic. Bartolucci desarrolla diversos temas acerca de la sexualidad humana.    
  • PROGRAMA HABLEMOS DE SEXUALIDAD 2014 Invitamos a la comunidad en general a los Talleres de Sexualidad que realizaremos en diversos Centros de Jubilados y Pensionados de nuestra ciudad. Inicio: Miérco

Información de Interes