Disfunciones sexuales
Disfunciones sexuales

Disfunciones sexuales

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

Definición

Como su nombre los indica, las disfunciones nos indican que algo funciona mal. En el caso de la sexualidad, se trata de personas que sufren una respuesta sexual inadecuada y no pueden gozar del acto sexual normalmente.

Han sido clasificadas como transtornos psicosomáticos por Helen Kaplan al decir que; "al igual que todos los síntomas psicofisiológicos, se presentan allí donde las defensas psíquicas son incapaces de proteger al individuo contra una "inundación" emocional. El síntoma real es la manifestación de las emociones negativas o dolorosas, que intervienen en los delicados reflejos sexuales".

Clasificación

La primera división que tenemos que hacer, y probablemente la primera pregunta que hace un sexólogo, es ¿Desde cuándo le ocurre esto?. La respuesta a esta pregunta nos permitirá clasificar la disfunción de Primaria o Secundaria.

En el primer caso, la persona inicia su vida sexual junto con la dificultad, y las causas que la han originado no suelen ser conscientes o conocidas por la misma.

En el segundo caso, ha disfrutado de una sexualidad normal, hasta un determinado momento, en que aparece la disfunción. Habitualmente está relacionada con una situación conflictiva; una crisis; (individual o de pareja) una enfermedad o una situación traumática que actúa como inhibidora de la respuesta sexual. Por lo general es más fácil acceder a las causas que la generaron, sobre todo si se acude al profesional apenas aparece la disfunción.

Etiología

Las delicadas y complejas respuestas sexuales del hombre y de la mujer dependen de la integridad de múltiples determinantes. El primer requisito para que se obtenga una respuesta sexual satisfactoria consiste en que los órganos sexuales se hallen en buen estado.

El éxito del acto sexual depende de la integridad física de los órganos sexuales y de los sistemas vasculares, neurológico y endocrino. Pero incluso disfrutando de una salud física satisfactoria, las respuestas sexuales siguen siendo vulnerables a los efectos del stress emocional y están expuestas al fracaso por efecto de un condicionamiento aversivo.

La ansiedad ante la ejecución del acto sexual y las inhibiciones específicas aprendidas de la respuesta sexual suelen ser las causas inmediatas y específicas de las disfunciones sexuales, pero también pueden existir causas más remotas y/o profundas. La neurosis muy asentada, el complejo de Edipo no resuelto, la agresividad marital o complejos de culpa, entre muchas otras causas emocionales pueden conducir a una disfunción sexual.

La división entre causas inmediatas o remotas no es exclusiva de la disfunción sexual; es un principio básico en medicina psicosomática.

En las disfunciones sexuales no podemos hablar de una única causa; si bien alguna puede ser predominante. Habitualmente se combinan varios factores que, en un momento determinado originan la misma. Estos factores pueden ser predominantemente orgánicos o psíquicos.

Entre las causas orgánicas podemos mencionar: malformaciones genitales, enfermedades endocrinas, el abuso de psicofármacos o de alcohol, enfermedades crónicas, lesiones neurológicas, enfermedades del aparato circulatorio, tumores, etc. Aunque las estadísticas del número de pacientes disfuncionales por un factor orgánico, según Helen Kaplan oscilan entre un 3 y un 20 %, es importante descartar en primer lugar esos factores con el diagnóstico correspondiente, antes de comenzar la terapia sexual correspondiente.

Entre los factores psicológicos debemos diferenciar dos clases : los netamente individuales, y los que tienen que ver con la relación de pareja.

Entre los individuales mencionaremos: una deficiente y represiva educación sexual, donde todo lo que tenía que ver con el sexo era considerado como sucio, pecaminoso y/o prohibido; situaciones traumáticas (del manoseo a la violación); ignorancia o mal aprendizaje sexual; miedos de diverso orden; al embarazo, al fracaso, a la intimidad, sentimientos de repugnancia, culpa o vergüenza, conflictos con la identidad femenina, estados depresivos o situaciones de pérdida, crisis individuales importantes (económicas, laborales o evolutivas) stress, etc.

Entre las causas de pareja podemos citar: el rechazo u hostilidad hacia el cónyuge, deficiente estimulación o inexperiencia de éste, dificultades o ausencia de comunicación; situaciones de competencia y lucha por el poder; miedo a la intimidad, pérdida del amor o crisis severas de la pareja.

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

Que una disfunción sexual trae aparejado un alto nivel de sufrimiento para quien la padece y para su pareja, si la tiene, es algo conocido y comprobable.

En la consulta sexológica se verifica permanentemente esta realidad ya que todos los pacientes que consultan por alguna de ellas, en mayor o menor medida hacen referencia a este nivel de sufrimiento y en algunos casos el tema se transforma en una obsesión. Hay algunas personas que no pueden dejar de pensar en su “falla” a ninguna hora del día: el tema se transforma en un pensamiento obsesivo, tipo “disco rayado”.

Este tipo de paciente es el que está más expuesto a padecer lo que yo llamo “Efecto dominó de la disfunción sexual”.

El mencionado fenómeno se define cuando podemos diagnosticar más de una disfunción sexual en la entrevista diagnóstica y especialmente cuando indagando  en el tiempo, el paciente nos relata que fueron  las mismas apareciendo de a una.

Este fenómeno lo he podido observar con mayor frecuencia en varones que en las mujeres que me consultan.

Por ejemplo: si el paciente menciona haber iniciado su camino disfuncional por al impotencia erectiva, un  tiempo después sufre de eyaculación precoz, y finalmente termina padeciendo  Deseo Sexual  Inhibido o Hipoactivo, ( DSI)  con una notoria disminución del deseo y de la frecuencia sexual.

El problema es muy simple y se explica de la siguiente manera:  cuando se padece una disfunción sexual tan angustiante para el varón como la Impotencia, que produce la imposibilidad penetrar u mantener una relación sexual, el nivel de dolor, ansiedad y culpa, hace que inconscientemente la persona intente escapar de la situación.

¡Y qué mejor manera de escapar que terminando rápido la relación!

Allí aparece la eyaculación precoz como un alivio a veces para poder terminar el encuentro que ha sido  cuando  menos duro y estresante. Y finalmente, después de un tiempo, el varón pierde o disminuye notoriamente su deseo sexual.

Este proceso es absolutamente normal y entendible, ya que la pérdida del deseo es un lógico mecanismo de defensa de nuestro inconsciente para evitar el sufrimiento

Y así se lo explico a los consultantes: usando un ejemplo de la vida cotidiana: uno  va a comer a un restaurante; el lugar no es demasiado cómodo, la comida tarda en llegar, no es rica  y encima es cara, nos atiende mal el mozo, y  además tardan un montón de tiempo en traer la cuenta: todo esto hace que uno tenga ganas de irse cuanto antes, cuando en realidad, una cena en un restaurante es una ocasión para disfrutar y cuando lo pasamos bien no tenemos ganas de irnos.

La pregunta que les hago es: ¿ustedes van a volver a ese restaurante? Obviamente el restaurante representa a la relación sexual. Y esto es lo que nos pasa cuando hacemos el amor gratamente: el deseo de la próxima relación sexual, se enciende con el recuerdo de la última.


En el efecto dominó de las disfunciones sexuales pasa y a la manera de una obra de teatro pasa más o menos esto:

  • Acto 1: la pareja tiene deseo sexual, intenta la erección y ésta se niega a aparecer rápida y satisfactoriamente: ambos comienzan a sufrir, sobre todo si esto ya ha pasado muchas veces antes.
  • Acto 2: se produce una erección débil, se penetra como se puede y con miedo a perderla; (ambos están más pendientes de la dureza del pene que del placer de estar juntos). Esta situación hace que él eyacule precozmente y termina la relación, haya llegado ella al orgasmo o no.
  • Acto 3: entonces la pareja se separa, la mayoría de las veces sin hablar, él, ella o ambos  van al baño y  al volver, se habla de otra cosa: la pareja hace un pacto de silencio nefasto para no agredirse mutuamente y con el objetivo incorrectamente noble  de no dañar la relación. Y  fantaseando que la próxima vez saldrá mejor, se distraen hablando  de otra cosa.
  • Fin de la obra: cada vez se buscan menos  en la cama
  • Epílogo feliz: deciden  hablar, buscar una solución y hacen la consulta al profesional.

 

Autora: Lic. Elda Bartolucci

Lo que define a una fobia sexual es el temor persistente e irracional asociado a la necesidad compulsiva de evitar sensaciones o experiencias sexuales, reconociendo la persona este miedo como irracional o excesivo.

Los pacientes fóbicos pueden llegar a evitar por completo el sexo, o restringir esta evitación o miedo a determinadas facetas de la sexualidad: a los genitales, a las secreciones y olores genitales, a penetrar o ser penetrada, al orgasmo, a que sean vistos desnudos, al beso profundo, a la masturbación, al embarazo, al sexo oral genital. Esto da como resultado en algunos pacientes que su aversión al sexo los lleva a mantenerse vírgenes durante toda la vida, aun teniendo una pareja estable.

En los casos en que el síntoma fóbico sexual aparece con claridad -fobia a la penetración, al contacto genital u otros- el diagnóstico es relativamente claro, pero en otros casos diagnósticar se hace más complicado, ya que hay ausencia de síntomas claros, pero lo que persiste es un elevado índice de angustia ante la proximidad de un encuentro sexual, pero sin la presencia de verdaderos síntomas.

Un rasgo típico de quien padece una fobia sexual es su tendencia hacia la huida (de las parejas, de la relación sexual, del hombre o de la mujer, del tratamiento, etc). Aunque también observamos como mecanismo contrafóbico una "huida hacia adelante", donde para vencer la fobia arremete contra su dificultad; es el paciente que viene a la consulta y nos dice: "a partir de hoy cambio mi vida: con el primer muchacho que salga me acuesto", o "esta vez es la definitiva, conocí una mujer en el trabajo y en un mes me caso". Estas expresiones no son más que la manifestación de un deseo que no se puede sostener en la realidad.

La fobia se presenta como una estructura defensiva construida sobre una serie de evitaciones, prohibiciones y precauciones ante determinados objetos o situaciones cuya proximidad despiertan angustia. Recordemos que el paciente se mantiene, a través de las defensas , en un cierto estado de equilibrio y recurre a la consulta cuando ve que los demás se casan y él no, cuando su pareja amenaza con dejarlo o hay ciertas presiones sociales y, por supuesto, por disfunciones sexuales.

Un ejemplo cásico de fobia sexual masculina es el del varón virgen (no adolescente), el que viene a consultar con distintos argumentos: los comentarios que comienza a escuchar : ¿por qué no tenés novia?... ¿por qué no vas con chicas?... ¿no será medio raro?; o porque aparece una mujer que le gusta y no quiere perderla por su fobia (son los célebres casos de los cuales Freud decía que "cuando aman no pueden desear y cuando desean no pueden amar"); por miedo a "caer en la homosexualidad", o dado que se va quedando solo ya que sus amigos se van casando. Es común cuando dicen: "tengo miedo a no tener la erección y fracasar...y ¿si eyaculo antes de penetrar?" Otros varones vírgenes afirman: cuando voy no sé qué hacer ...seguro que voy quedar como un ridículo, se van a dar cuenta que soy un debutante, ¡a esta edad!"

Muchos de estos miedos se presentan como racionalizaciones defensivas, que, cuando los pacientes entienden las causas concluyen: "en el fondo tenía miedo de engancharme".

En el caso de las fobias sexuales femeninas, uno de los síntomas más expresivos de la fobia es el vaginismo ( contracción involuntaria de los músculos vaginales que impiden la penetración) . En estos casos la consulta se da habitualmente luego de muchos intentos de pareja fracasados, cuando la mujer observa que todas sus amigas forman pareja y ella está sola, o después de varios años de matrimonio no consumado, y ante la presión de su pareja o del resto de la familia que comienza a preguntar¿ qué pasa que no vienen los hijos?. En muchos casos no han concurrido nunca a un ginecólogo como expresión del mismo miedo y evitación que les genera su fobia.

Uno de los casos donde se visualiza una fobia compartida por la pareja es en el llamado matrimonio no consumado. Esta disfunción se caracteriza porque la pareja, conviviente o no, luego de un cierto tiempo que ha sido fijado arbitrariamente en seis meses, no ha podido practicar el coito con penetración vaginal. A veces es uno de los dos miembros el que aparenta estar "enfermo", otras veces son ambos. Él puede tener dificultades en la erección o ella padecer vaginismo. Ella puede tener una verdadera fobia a ser penetrada y él ser un eyaculador precoz que eyacula antes de penetrar. O ambos padecer un deseo sexual inhibido. Los trastornos pueden alternarse en el tiempo o ser concomitantes, pero siempre se mantienen de a dos. El miedo los invade: a la maternidad o paternidad, al embarazo, a ser desgarrada o lastimada, a sufrir, a dañar o ser dañado en los genitales (claras fantasías castratorias. No se puede hablar de causas en general ya que cada caso de la pareja es particular, pero hay factores psicológicos o psiquiátricos, familiares, educacionales, religiosos y del vínculo en sí mismo. Pem algunos pocos casos pueden existir factores orgánicos; por ejemplo, en algunas impotencias o en las llamadas dispareunias (coito doloroso). Es importante aclarar que este sistema de interacción de la pareja se mantiene entre ambos y no porque uno de los dos sea el "culpable".

La conformación de una Fobia

Una fobia se contruye en la infancia. Básicamente se estructura sobre el temor a la castración, Sobre una fobia infantil se va estructurando la fobia del adulto, donde las situaciones peligrosas son reavivadas permanentemente en épocas ulteriores y la castración se actualiza bajo diferentes formas. Es común que el que padece una fobia sexual presente al mismo tiempo otros temores: avolar en avión, a las alturas, a exponerse o hablar en público, etc.

El fóbico desea y teme al objeto de su miedo al mismo tiempo, se asoma y huye, desea curarse pero teme que eso mismo ocurra, anhela la penetración o el orgasmo pero siente miedo ante lo que pueda pasarle.

Posibilidades Terapéuticas

Las diferentes personas implican diferentes abordajes terapéuticoa. Este hecho, que es bien conocido en el campo de las psicoterapias de orientación psicoanalítica y en las conductuales, es válido también en el campo de las Terapias Sexuales. Freud ya hablaba del "descubrimiento de que las distintas formas patológicas no pueden ser curadas con la misma técnica" y se planteaba la tarea de adecuarla a nuevas y variables condiciones . El paciente fóbico, dada sus características de ser alguien que "está siempre por irse" , en viaje permanente, nos plantea algunas dificultades particulares que muchas veces no llegan a evidenciarse debido a un aspecto nuclear en el curso del tratamiento: la frecuente deserción

El tratamiento de un paciente con características fóbicas debe ser planteado en etapas. Cada una de ellas presentará distintas dificultades y posibilitará determinadas intervenciones y no otras, en la medida que la capacidad de tolerar la angustia lo vaya permitiendo. Una etapa fundamental de todo tratamiento, sea psicoterapéutico o sexológico, es el de crear una alianza de trabajo. En esta etapa de creación del vínculo terapéutico el fóbico verificará que puede confiar en el terapeuta y probablemente continúe el tratamiento, y en este caso la posibilidad de resolver su problema sexual está muy cercana.

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

El vaginismo es una perturbación por la cual los músculos que rodean el tercio exterior de la vagina se contraen de manera involuntaria cuando el hombre intenta la penetración vaginal. Puede afectar a mujeres de cualquier edad y la gravedad del reflejo varia mucho según la persona.


Esta disfunción se debe a un espasmo involuntario de los músculos que rodean la entrada vaginal (específicamente el esfínter vaginal y el levator ani); este espasmo o reflejo se produce siempre que se quiera introducir un objeto en la vagina, razón por la cual se diagnostica fácilmente en la revisación ginecológica.


En los casos extremos, el vaginismo puede ser tan absoluto que la abertura vaginal se cierra por completo impidiendo no sólo la realización del coito, sino la mera inserción de un dedo.


Sigue luego un vaginismo no tan grave, pero que aún así comporta considerables molestias, ya que toda tentativa para realizar el coito, aunque se haga con delicadeza, cariño y sosegadamente; ocasiona dolores en la pelvis.


En sus manifestaciones mas moderadas, el vaginismo no impide a la mujer realizar el coito pero siente molestias durante el acto. No se conoce con exactitud cuál es la frecuencia del vaginismo en la población general, pero se estima que corresponde a menos del 10 por ciento de los trastornos sexuales femeninos.

El vaginismo puede estar asociado a una inhibición. Aunque algunas mujeres que padecen vaginismo se muestran muy temerosas de realizar actos sexuales; cosa que, por lo demás, puede menoscabar su capacidad de respuesta amorosa; la mayoría de ellas tienen poca o ninguna dificultad de alcanzar la necesaria excitación sexual. La lubricación vaginal se produce con normalidad, el juego amoroso puede ser placentero y gratificante y, con frecuencia, el trastorno no afecta al orgasmo (Kolodny, Masters y Jonson, 1979): Las mujeres aquejadas de vaginismo suelen mostrar una libido normal y se encuentran muy inquietas porque no pueden disfrutar del coito.


El vaginismo resulta particularmente molesto cuando se trata de una pareja que quiera tener hijos, y a menudo es esta motivación la que les impulsa a solicitar la ayuda de un profesional.


Por su parte, el compañero de una mujer afectada de vaginismo se muestra sumamente desconcertado acerca de las causas de la disfunción sexual que presenta su pareja. Muchas veces no tiene un conocimiento específico de las contracciones musculares involuntarias que generan la dificultad, y piensa que su forma de hacer el amor le causa dolor físico a ella o que ésta sabotea el coito "poniéndose tensa". Si cree lo primero, puede mostrarse cada vez más pasivo en las coyunturas sexuales. Es posible que surjan dificultades de erección, sobre todo si el hombre se atribuye la culpa de lo que está sucediendo. Si, por el contrario, achaca la culpa a la compañera, puede perder la paciencia al cabo de un tiempo y mostrarse resentido, abiertamente hostil o buscarse parejas.


El historial clínico de la mujer permite sospechar la existencia de esta alteración (si tuvo, por ejemplo, en el empleo de un tampón o de un diafragma), pero el vaginismo sólo puede diagnosticarse con certeza después de una minuciosa exploración de la pelvis.

 

Causas


Las causas del vaginismo proceden de una asociación entre el temor y el dolor; el estímulo nocivo original puede haber sido el dolor físico o alguna situación traumática de origen psicógeno.


Entre las causas de origen físico mencionaremos: himen rígido y resistente a la penetración, endometriosis, enfermedades inflamatorias de la pelvis, atrofia senil de la vagina, relajación de los ligamentos uterinos, estenosis de la vagina, etc. Todas estas causas generan dolor en el intento de penetración, por lo que el reflejo vagínico es una protección ante el mismo. Y posteriormente, este reflejo queda instalado, aunque la causa física haya desaparecido.


Entre las causas de origen psicológico mencionaremos una marcada hostilidad hacia los hombres, situación inconsciente en la mayoría de los casos, por lo que se hace necesaria la psicoterapia para descubrir sus orígenes.


Otros factores encontrados como causales del vaginismo son: educación represiva sexual, muchas veces asociada con pautas religiosas muy rígidas o poco permisivas ante la capacidad de placer femenino; sentimientos fuertes de culpa ante el deseo sexual, impotencia del compañero o efectos traumáticos de una violación o otras situaciones comprendidas dentro del abuso sexual


Tratamiento


El enfoque terapéutico nunca debe estar estratificado en un esquema fijo, sino que cada tratamiento tendrá en cuenta la diferente realidad de cada paciente. Sin embargo, ningún caso se resuelve sin que se resuelva la fobia de la paciente.


Se recomienda hacer el tratamiento combinada y simultáneamente: psicoterapia para tratar los aspectos psicológicos y tratamiento de la zona vaginal con técnicas de dilatación gradual de la vagina. En la mayoría de los casos, se incluye a la pareja de la paciente en algunos tramos del mismo, a los efectos de indicar, en el momento apropiado, su inclusión en los ejercicios prescriptos.


Ambos enfoques pueden realizarlo con éxito los médicos sexólogos con formación psicológica o los psicólogos con formación sexológica, ya que está comprobado que los tratamientos que únicamente se ocupan de una de las dos áreas, no dan los resultados esperados

 

Autora: Lic. Elda Bartolucci

 

Definiremos apetito sexual como primera fase del instinto sexual o fase apetitiva, en que por estímulos psicofisicos y culturales, el ser humano se excita sexualmente, con aparición de deseo sexual hacia la persona elegida. Según Vitiello y Rodrigues (1997) para que el deseo sexual pueda surgir se requieren varias condiciones : integridad anatomicofisiologica, equilibrio emocional y situaciones con potencial erótico, usualmente descritas como un clima adecuado.

Según Kaplan (1985) el deseo sexual tiene un sustrato fisiológico, fundamentalmente en los circuitos y núcleos cerebrales en la parte mas primitiva del cerebro, el sistema límbico. Para el adecuado funcionamiento de estos circuitos sexuales del cerebro se necesita un nivel adecuado de testosterona y un equilibrio idóneo de los neurotransmisores serotonina, dopamina y de las catecolaminas.

Desde la perspectiva psicológica los factores mas importantes que afectan el deseo sexual son la ansiedad, la depresión, el stress y factores negativos de la relación de pareja .

Algunas personas sienten escasos deseos sexuales porque:

1. No han aprendido a percibir adecuadamente sus propios niveles de excitación sexual fisiológica. La percepción de la excitación, está en ellos disminuida o mal clasificada.

2. No aprendieron a facilitar la excitación en si mismos.

3. Se limitan para definir una situación como sexual.

4. Tienen expectativas muy limitadas en cuanto a su propia capacidad de excitación.

5. No se perciben a sí mismos como muy sexuales.

6. Se inhiben por experiencias de fracaso anteriores

7. Tiene severos conflictos con sus parejas y " las castigan" no deseándolas sexualmente En las relaciones de pareja hay varios factores que pueden producir inhibición del deseo sexual. Entre otros, los condicionamientos negativos, las alteraciones del aspecto físico del cónyuge, las luchas de poder en la pareja, los trastornos de la comunicación, los conflictos y crisis, etc.

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